Cuentos con moraleja: "Dejad que Dios sea Dios"

Una de las cosas que más le cuesta al hombre de hoy, ensoberbecido como está por los grandes logros de la ciencia y de la técnica, es reconocer que es una criatura y que Dios es su creador. Esta actitud soberbia del hombre hace que haya perdido el sentido de la virtud de la religión, y sus relaciones con Dios ya no se hagan desde una actitud humilde, sino de igual a igual. Sí es verdad que el Señor nos dijo “ya no os llamo siervos, sino amigos”; pero de ahí a eliminar el respeto a lo sagrado y el sentido de que somos sus criaturas va mucho trecho.
Hasta hace unos cincuenta años, cuando la misa se celebraba sólo en latín y gran parte de la misa había que estar de rodillas, mantener esa posición nos ayudaba a reconocer que Dios era nuestro Señor y que de Él recibíamos todo lo que teníamos. Ahora, con la misa del Novus Ordo, donde se reduce la postura de rodillas a unos breves minutos durante la consagración, ese sentido de respeto a Dios se ha perdido bastante. Y no digamos, como ya está ocurriendo en muchas iglesias, cuando ni en el momento de la consagración los fieles se arrodillan, pues creen que eso es rebajarse y que no tienen por qué ponerse de rodillas ante nadie.
Esta forma de pensar y de vivir moderna le ha llevado al hombre actual a creer que es él quien controla todo lo que le ocurre, es autónomo en sus leyes, no depende de nadie y no tendrá que dar cuentas de sus acciones cuando la vida llegue a su fin.
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