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Cuentos con moraleja: "Las apariencias engañan"

ilusion optica

En la foto aparece un hombre caminando por la orilla de un lago, pero a primera vista nos da vértigo, pues la ilusión óptica nos hace creer que está caminando por el borde de un precipicio. Y es que “las apariencias a veces engañan”.

En una prestigiosa universidad de Sudamérica, el primer día de clase, se encontraba en la biblioteca un hombre vestido de vaqueros, camiseta de cuadros, limpio, cabello largo y unos tenis muy usados, pero cómodos. En sus manos llevaba varios libros.

- ¿Quién es ese hombre?, era la pregunta general.

- Es un profesor de Física, y viene de Norteamérica -fue la respuesta, con la siguiente historia:

Caminando lentamente por el campus, se dirigió lentamente hacia las oficinas de la secretaría de la universidad. Una vez allí, pidió, en un español poco fluido, una entrevista con el decano. Le indicaron que estaba en una reunión con un grupo de profesores. El hombre insistió en verlo. La secretaria lo buscó, y al rato salió el decano a verlo.

Luego de saludarlo, el hombre le dijo:

- Vengo a pedir trabajo como profesor de Física.

El decano miró su apariencia de arriba abajo. Su aspecto era la antítesis de un profesor universitario. De pronto, el decano dibujó una leve sonrisa en su rostro y lo invitó a que lo acompañara. Entraron en una sala donde había una media docena de profesores universitarios. El decano le dijo:

- Hace poco recibimos este libro como texto guía. Estamos aquí intentando solucionar unos problemas de Física. Si usted es capaz de resolverlos, lo contrato como profesor.

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4º Domingo de Pascua (A) (26 de abril de 2026)

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Recordamos este domingo a Jesucristo como “el Buen Pastor”. Según Él mismo nos dice:

  • “Yo soy la puerta del aprisco, el que por mí entre se salvará”.
  • También nos dice que Él da su vida por sus ovejas, no como el mercenario.
  • Siempre va delante de ellas enseñándoles el camino y llevándoles a buenos pastos.
  • Conoce a las ovejas por su nombre.
  • Las ovejas reconocen su voz y le siguen.

Jesucristo se presenta como nuestro único salvador. “Sólo hay un mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús” (1 Tim 2:5).

En los últimos tiempos algunas personas han pretendido borrar las aristas entre las diferentes religiones y acabar diciéndonos que lo mismo da seguir una religión que otra con tal de ser fieles a sus enseñanzas. Los que así dicen, no son sino malos pastores, mercenarios y ladrones (Jn 10:1). No conocen a sus ovejas. Se presentan como humildes corderos, cuando en realidad son lobos feroces (Mt 7:5). En algunas ocasiones, ciertas conductas y actitudes de los pastores de la Iglesia, no han hecho sino aumentar esta confusión. De tal modo que hoy día, en aras de un falso ecumenismo, se ha extendido este grave error. Todo verdadero ecumenismo ha de respetar la verdad revelada por Cristo y enseñada por la Iglesia. Si movidos por un falso deseo ecuménico olvidamos las enseñanzas de Cristo, único salvador, los resultados nunca podrán ser buenos. En lugar de formar todos un solo redil y tener a Cristo como nuestro buen pastor, todos nos habremos marchado del redil de Cristo y habremos formado una nueva iglesia, cuyo pastor no será Jesús, sino Belial.

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Cuentos con moraleja: "Maravillosos recuerdos del pasado"

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Cuando éramos niños, una mente lúcida y un corazón virgen dirigían y potenciaban nuestros sueños. Eran los años en los que íbamos a ser astronautas, bomberos, generales del ejército, o quién sabe qué. Con el paso de los años la vida se fue imponiendo, al tiempo que las ilusiones se fueron difuminando como nubes llevadas por el viento. Podría ocurrir que pasaran rápidamente los años de nuestra vida y no nos atreviéramos a mirar ni hacia atrás ni hacia delante pues nos diera vértigo el vacío que vemos. No podemos permitir que nuestro corazón se anquilose y muera. Tampoco podemos ser de ésos que creemos que lo sabemos todo; pues esa forma de ser, bastante soberbia por cierto, nos cierra la posibilidad de aprender y de maravillarnos ante la verdad y la belleza que siempre están cerca de nosotros; y en una palabra, de ser feliz.

Les cuento hoy un caso que oí, aunque a decir verdad nunca supe si era realmente cierto; pero por lo que cuenta, creo que se habrá repetido miles de veces. La historia la situaron en el primer cuarto del siglo XIX

Érase una vez un famoso pianista novel que vivía en Leipzig. Desde bien pequeño sus padres, amantes de la buena música, lo habían apuntado al conservatorio, ya que habían visto en el niño unas dotes muy especiales para la música, y en particular para el piano. En casa tenían uno de esos pianos de pared, heredados de generación en generación, que aunque ya estaba algo añoso, todavía podía dar un bello sonido; especialmente cuando era la abuela la venía a tocarlo por las fiestas de navidad.

Con el paso de los años nuestro niño fue creciendo y llegó a ser un pianista de renombre en gran parte de la Europa del este. Su ascenso relativamente fácil por los vericuetos de la música, la interpretación y los conciertos, le fueron haciendo un tanto orgulloso e impertinente. Tenía fama de no aceptar un consejo;  y mucho menos, una corrección.

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3er Domingo de Pascua (A)(19 de abril de 2026)

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Después de su resurrección, Jesús se apareció a sus discípulos y a mucha gente, pero “algo les impedía reconocerlo”.

  • Cuando leemos este pasaje del Nuevo Testamento pensamos: ¿Cómo es posible que estuvieran delante de Jesús y no fueran capaces de reconocerlo?
  • Algo similar nos puede ocurrir a nosotros. Cuando venimos a la Iglesia, ¿somos conscientes que estamos ante el mismo Jesús, realmente presente en el sagrario? ¿Hablas cara a cara con Él? Si nos gusta tanto hablar con nuestros amigos ¿por qué nos cuesta tanto hablar con Jesús? Da la impresión de que hay algo en nuestros “ojos” que nos impide reconocerlo. ¿Has levantado alguna barrera entre Jesús y tú?

Después de caminar y permanecer un rato junto a esa “persona extraña”, estos dos discípulos reconocieron que su corazón se había ido encendiendo y llenando de alegría. No fueron capaces de reconocer a Jesús, pero al menos se dieron cuenta que estar junto a Él y escucharle les daba de una profunda alegría: “Se decían el uno al otro, ¿no ardían nuestros corazones mientras que Él nos acompañaba en el camino?”

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2º Domingo de Pascua (A) (12 de abril de 2026)

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“Mete tu dedo en las llagas de mis manos; y tu mano en la llaga de mi costado. Y en adelante no seas incrédulo sino fiel”.

A pesar de que el Señor nos ha dado pruebas más que suficientes para creer en Él, ¿en cuántas ocasiones nuestra postura es como la de Santo Tomás Apóstol? De todos modos, la paciencia y el amor de Dios hacia nosotros son tan grandes que siempre viene en nuestra ayuda cuando la fe se debilita: “Mete tu mano en mi costado”.

¿Por qué es tan pequeña nuestra fe? Principalmente por cuatro razones: el poco amor a Dios, nuestros pecados (que son el peor lastre), nuestras imperfecciones y el poco tiempo que le dedicamos a Dios.

1.- Las personas que se aman siempre confían el uno en el otro. Si amáramos más a Dios, creeríamos con los ojos cerrados todo lo que Él nos enseña, y aceptaríamos sus planes pues siempre son mejores que los nuestros.

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Cuentos con moraleja: "El arte de decir las cosas"

sultan

Una sabia y conocida anécdota árabe dice que en una ocasión, un sultán soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó a llamar a un adivino para que interpretase su sueño.

- ¡Qué desgracia, mi señor! – exclamó el adivino.

- Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de vuestra majestad.

- ¡Qué insolencia! - gritó el sultán enfurecido.

- ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera! ¡Fuera de aquí!

Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos.

Más tarde ordenó que le trajesen a otro adivino y le contó lo que había soñado. Éste, después de escuchar al sultán con atención, le dijo:

- ¡Excelso señor! ¡Gran felicidad os ha sido reservada...! El sueño significa que sobreviviréis a todos vuestros parientes

Iluminose el semblante del sultán con una gran sonrisa y ordenó le dieran cien monedas de oro.

Cuando éste salía del palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:

- ¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer adivino. No entiendo por qué al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro.

- Recuerda bien, amigo mío- respondió el segundo adivino -que mucho depende de la forma en el decir.

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Cuentos con moraleja (Volumen 1)

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