Cuentos con moraleja: "Las cicatrices de la vida"

Érase una vez una madre, Anna de nombre, que tenía un solo hijo, Freddy, de alrededor de once años. Su marido había muerto hacía tan solo unos meses de un doloroso cáncer de páncreas. Durante los últimos años habían ido en las vacaciones de verano a una casita que tenían en los Cayos de Florida.
Varios amigos de Freddy, que vivían cerca de su casa veraniega, planearon ir a bañarse el día siguiente a una pequeña laguna que había detrás de la casa. No sabemos cuáles fueron las razones, pero el caso es que los amigos no aparecieron. En eso que Freddy le dijo a su madre:
- ¡Mamá me voy a dar un baño! ¡Estoy en la laguna!
A lo que la madre le preguntó:
- ¿Han venido tus amigos? ¡No se te ocurra irte solo! ¡Ya sabes que es peligroso!
Era un día realmente muy caluroso. Freddy desoyó el aviso de su madre y decidió irse a bañar por su cuenta. Se puso el bañador y salió corriendo por la puerta de la cocina sin más aviso. Hacía tanto calor que sin pensárselo dos veces se tiró al agua.
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Una respuesta para aquellos que desean encontrar el sentido de la Santa Misa, y un estímulo para quienes la Eucaristía es el centro de su vida espiritual.
